20 de abril de 2018

La muerte de Napoleón

La muerte de Napoleón. Simon Leys.  Acantilado, 2018
Traducción de José Ramón Monreal
La muerte de Napoleón (La Mort de Napoléon, 1986), única novela en la extensa obra del escritor belga, es una recreación de los últimos años de la vida del Emperador y podría considerarse una ucronía siempre y cuando aceptáramos que la historia sucedió tal y como nos han contado y no como relata Leys, extremo difícilmente verificable, y ahí reside la singularidad de la novela, porque esa diferencia en el desenlace pudiera haber pasado por alto incluso al observador más atento.

Napoleón Bonaparte consigue escapar de su confinamiento en Santa Elena, con la ayuda de una organización secreta, camuflado como veterano de guerra y dejando en su lugar a un doble, un anónimo sargento de marina; de regreso a Francia en un largo y accidentado periplo de varias etapas, viaja bajo la identidad de Eugène Lenormand, sin ningún contratiempo hasta que en el último trayecto su parecido con el Emperador es percibido por parte de la tripulación, semejanza que conlleva soportar estoicamente las bromas de los marinos que le dan el sobrenombre de Napoleón.

El Napoleón de Leys no es ya el Emperador poderoso que tuvo a Europa a sus pies; la derrota y el exilio le han convertido en un ser solitario, obligado a evitar a la tripulación, y aunque en su ánimo esté recrear su grandeza -y la de Francia, por supuesto-, parece reconocer de forma tácita la imposibilidad de tal proyecto.
"El papel del águila fulminada, del prisionero solitario, del exiliado pensativo, lo interpretaba en aquel momento un oscuro sargento de marina, mientras que el nuevo Emperador no era aún más que un sueño del futuro. Mientras tanto, entre el personaje del que se había despojado y el que aún no había creado, no era nadie. Eugène iba tirando en este intervalo neutro: se había sentido incapaz de creerse con derecho a un destino propio; a lo sumo, podía concederle pequeñas desgracias poco gloriosas y algunos mezquinos momentos de felicidad."
Su papel es ahora el del guardia nocturno que, a bordo, languidece esperando el alba por el simple hecho de que haya luz porque, en realidad, tampoco tiene ningún quehacer con que ocupar las esperadas horas diurnas.

Los malos augurios que parecían ir parejos a la travesía se confirman cuando, en lugar de desembarcar en el puerto acordado, el buque prosigue viaje hasta los Países Bajos. Una vez en tierra, abandonado por sus mecenas y falto de efectivo, el Emperador se siente más Eugène que Napoleón y maldice la suerte de haber cambiado una isla por tierra firme pero que su situación de exiliado, en cambio, siga imponiéndose sobre la esperanza de libertad.
"Piensa. Siempre ha estado poseído del inquebrantable convencimiento de que todos los accidentes de su existencia, hasta los más penosos o fútiles, tenían que contribuir necesariamente de un modo u otro a la forja de su destino. No duda de que el extraño peregrinar de esta mañana tiene que ver también con ese misterioso designio, pero por el momento renuncia a sondear su oscuro significado. Tal vez era necesario revolver aquí la vana sombra de un pasado que se le escapa, para mejor descubrir que ahora el único Napoleón verdadero es ya el que le espera en la cita del futurto, ¡en París, en París!"
Viajar de incógnito permite ser testigo de acontecimientos excepcionales, incluso a algunos a los que la propia identidad impediría asistir; sería semejante, por ejemplo, a la fantasía de la invisibilidad, pero la supera porque permite, al mismo tiempo que la implicación, la participación de forma anónima en los sucesos. Aunque ese incógnito sea para visitar el teatro de la Gran Derrota, la definitiva, el último lugar al que hubiese deseado volver, pues los fantasmas de todos aquellos que murieron por su causa, a pesar de su disfraz, le pueden reconocer a la perfección.
"En una Europa incapaz de imponerle un solo adversario de su talla, el desmembrar estados, dividir imperios, destronar reyes, todo eso en el fondo no era nada para él... Pero he aquí que un oscuro suboficial, simplemente por morir como un loco en un desértico peñasco en el otro extremo del mundo, había conseguido que se alzara en su camino el rival más formidable e inesperado que cupiera pensar: ¡él mismo! Peor aún; no era solamente contra Napoleón contra quien Napoleón debía abrirse camino de ahora en adelante, sino contra un Napoleón más grande que el que era en vida: ¡el recuerdo de Napoleón!"
Sin embargo, el juego del gato y el ratón iniciado con la suplantación de la identidad toma un cariz peligroso cuando uno de los intervinientes, obligado por las circunstancias, deja de dar cobertura a la apuesta y, como consecuencia, o deja sin máscara al desconocido o, en el peor de los casos, compromete su mera existencia.
"Comenzaba a percibir mejor hasta qué punto debe guardarse la grandeza de las añagazas de la felicidad. Lo más brillante de su carrera pasada no era sino un sueño del que por fin despertaba. Sólo ahora entraba en la madurez de su genio; la epopeya de su pasado no era aún más que un embarullado y confuso impulso de juventud en relación con lo que podía llevar a cabo ahora que ninguna emoción, ningún apego se interpondría ya en él entre la inteligencia que concibe y la voluntad que ejecuta. Accedía a un nivel superior de vida, y en estas cimas respiraba a largas bocanadas un aire de una pureza tal que habría abrasado los pulmones del vulgo."
Una vez traspasada la identidad, el presente deja de estar en posesión de un solo individuo para abrir un sendero temporal simultáneo y divergente del que nadie -ni el que ya no es quien era ni el que es el que no era- puede apropiarse en exclusiva. Pero ese es el menor de los conflictos que se desatan, pues su alcance es inmediato y poco compartimentable; el problema verdaderamente importante, decisivo, el que alcanza y determina lo que ha de suceder de ahí en adelante, es hallar la respuesta a la pregunta : ¿a quién pertenece el futuro?

Alta literatura concentrada en poco más de cien páginas; soberbio.

Calificación: *****/*****

16 de abril de 2018

Lincoln en el Bardo. Lincoln al bardo

Lincoln al bardo. George Saunders. Edicions de 1984, 2018
Traducció de Yannick Garcia

Lincoln en el Bardo. George Saunders. Seix Barral, 2018
Traducción de Javier Calvo
Sobradamente reconocido como autor de relatos, Lincoln en el Bardo (Lincoln in the Bardo, 2017) es la primera novela de George Saunders, ganadora del Booker Prize for Fiction  de 2017.

Quien inventó la expresión novela coral seguramente no pensó en una novela en la que intervienen más de ciento cincuenta voces narradoras; por un lado, los vivos, que han dejado por escrito sus impresiones de aquella aciaga noche de la muerte del hijo de Abraham Lincoln; por el otro, los muertos, ávidos de novedades, aburridos de su existencia sin la más mínima variación, incapaces de aceptar su situación y elaborando una serie de eufemismos en apoyo  a su autoengaño -"aquel otro lugar" por el mundo de los vivos, "enfermos" y "caja de enfermos" por muerto y ataúd, "casa para enfermos" por panteón-, cada una contando su historia, la de su muerte y la de lo que les sucedió después; ambos grupos configurando, complementándose, acotándose y, a menudo, contradiciéndose, con aportaciones a veces acertadas, a menudo disparatadas, un relato obsesivo en el que, a través de intervenciones de dudosa veracidad, se intenta llegar a construir una verdad, la historia en sí misma.

La historia se localiza en el cementerio -el hospital para enfermos- de Oak Hill en el transcurso de una sola noche, y bebe tanto de la tradición budista -el Bardo es una especie de purgatorio en el que las almas de los muertos está a la espera de su resolución- como de la occidental, especialmente del episodio de la visita de Ulises al Hades en la Odisea. Abraham Lincoln, desconsolado por la pérdida, vuelve a la tumba de su hijo Willie, fallecido a los once años; Willie se encuentra en el Bardo en compañía de las almas en tránsito, algunas esperando la migración, otras negándose a seguir el proceso habitual, otras incluso impugnando el hecho de su propia muerte. Es en ese abigarrado y dispar grupo de almas, un yo en cambio constante, en quien descansa la voz narrativa que se hará cargo de la historia.
 "Som aquí per gràcia divina, va dir el pastor. La nostra capacitat de persistir està lluny de ser garantida. Per tant, cal que conservem la força, que limitem les nostres activitats a les que ens ajudin estrictament a assolir el propòsit fonamental. No voldríem que, per culpa d'una activitat llibertina, se'ns titllés de desagraïts davant la misteriosa benedicció de la nostra persistència continuada. Puix que som aquí, però quant de temps, o per quina dispensa especial, no ens pertoca pas a nosaltres de..."
Pero también los momentos previos al fallecimiento de Willie, en plena fiesta multitudinaria en la Casa Blanca, tienen su reflejo en la novela; aquí, la voz narrativa se compone de infinidad de citas -¿reales? ¿inventadas? La mayoría de citas que suelen usarse, incluso en publicaciones serias, son manipulaciones, tergiversaciones o atribuciones que no buscan más que dejar el buen lugar al citador; las que no reúnen ninguna de estas características, son directamente falsas-, que fragmentan la acción -como un misaico, pero de teselas rotas-, ofreciendo, también aquí, puntos de vista irreconciliables dada su disparidad.
 "Us espera un judici esfereïdor, em deleixo per dir-los. Mentre sigueu aquí, només feu temps. Sou morts, i mai no recuperareu aquell lloc d'abans. A trenc d'alba, quan us toca tornar als vostres cossos, ¿no us heu adonat del seu estat deplorable? ¿Realment us penseu que aquelles desferres espantoses seran capaces de portar-vos enlloc mai més? És més (diria, si em deixessin): no us permetran que us quedeu aquí fent el ronsa eternament. A ningú de nosaltres. Ens hem revoltat contra la voluntad de Nostre Senyor i arribará el moment en què se'ns subjugarà i marxarem."
Cada intervención, cada una de las voces, mantiene su idiosincracia; las de los vivos, de acuerdo con su procedencia, sean criados, amigos de la familia, periodistas, amas de casa o señoras de la alta sociedad; los muertos -es decir, los enfermos- parodian, lenguaje mediante, la personalidad de su poseedor, y si bien existen algunas voces principales, las de los que acompañan a Willie en su nuevo estado -el pastor Everly Thomas, un anciano víctima de muerte natural, que huyó del Juicio al creer que sería condenado al infierno; Hans Vollman, muerto en un accidente doméstico justo antes de consumar su tardío matrimonio, con graves consecuencias priápicas en la otra vida; y Roger Bevins III, un suicida que se cortó las venas y a quien nadie auxilió-, que, además de  recibir orientar a los recién llegados, se ven obligados a resistir las acometidas de los que ya viven en la eternidad, que intentan convencerles, con buenas o con malas artes, para que abandonen su estado transitorio, concluyen en un múltiple y heterogéneo conjunto que refleja todo lo que tiene de democrático la muerte.
"Digueu-los que estem cansats de no ser res, i de no fer res, i de no importar gens a ningú, i de viure en un estat de por constant, va dir el pastor."
Más que un experimento formal, una estupenda novela.

Calificación: *****/*****

13 de abril de 2018

Els desposseïts

Els desposseïts. Ursula K. Le Guin. Raig Verd Editorial, 2018
Traducció de Blanca Busquets
“-Mai abans no havia pensat -va prosseguir en Tirin, impertorbable- en el fet que hi ha persones assegudes en un turó, a Urras, que miren cap a Anarres, cap a nosaltres, i diuen “Mira, allí hi ha la lluna”. La nostra terra és la seva lluna; la nostra lluna és la seva terra.
-On hi ha, doncs, la Veritat? -va declamar en Bedap, i va badallar.
-Al turó on un estigui assegut -va dir en Tirin.”
Camuflada rere la tramoya de la fantasia des d’una particular literatura de societat-ficció, Le Guin especula sobre les diverses paradoxes a les que està exposada la vida humana si es trasllada al final del camí d’un inqüestionat progrés i l’efecte de les inevitables zones d’ombra de les ideologies, anarquistes o dictatorials, tan s’hi val, sobre les interaccions entre els éssers sotmesos als seus designis. En comptes d’inventar móns, explora el revers de la realitat del món conegut per descobrir les contradiccions del desenvolupament i els efectes sobre la naturalesa humana, posant en evidència les mancances d’una civilització orgullosa de les seves conquestes però massa complaent per valorar-ne el preu. Satisfets de la nostra superioritat, recolzada en una moral indulgent creada a la nostra mida, ens sentim legitimats per atribuïr a un improbable altre tot allò que som incapaços d’assumir, totes les nostres baixeses i carències, un retrat de Dorian Grey rebutjat i condemnat per la incapacitat d’autocrítica i la complaença de qui es creu posseïdor de La Veritat Inqüestionable; mentrestant, Dorian, a l’altre costat del llenç, observa, indulgent, la imatge d’un monstre que és la nostra.

Calificació: *****/*****

9 de abril de 2018

La fiebre del heno

La fiebre del henoStanislaw LemImpedimenta, 2018
Traducción de Pilar Giralt y Jadwiga Maurizio
Un astronauta norteamericano -"un astronauta alérgico en viaje de negocios, y que realizaba labores detectivescas de manera puntual"- retirado prematuramente de su profesión por razones médicas, inicia una curiosa investigación, suplantando la personalidad de un compatriota fallecido, en una especie de insólita reconstrucción judicial de unos hechos rodeados de un desconcertante misterio: una serie de suicidios ocurridos en Europa, con víctimas de diversas nacionalidades, algunos rasgos físicos particulares, su afición a los balnearios y afectados por ciertas alergias; pocos días antes de su muerte, todos parecen haber padecido algún tipo de transtorno psíquico, súbito e inexplicable. La investigación parece desvelar algún motivo oculto de orden político, pero los indicios no son suficientemente claros, aunque las conexiones entre la mayoría de los casos parecen descartar que sean fruto del azar.

Que Stanislaw Lem sea uno de los escritores fundamentales de la ciencia-ficción europea es un hecho indiscutible; sin embargo, no es menos cierto que lo que lo distingue de sus colegas de género es que sus novelas transitan más allá de los caminos trillados de la literatura de género. Inseparable de su condición de ciudadano sujeto a la órbita del imperio soviético, sus escritos, forzosamente contenidos por la amenaza de una censura radical, lograron poner en evidencia la estupidez de los comisarios políticos, esos guardianes de las esencias de ojo avizor pero de exigua mirada, al ofrecer casi siempre al menos una lectura subyacente que, haciendo un uso heterogéneo de los clichés, ofrecía una visión no tan paradisíaca del Edén socialista.

De transgredir los géneros, pero con el uso, sin embargo, de las herramientas que estos procuran, es de lo que trata La fiebre del heno, una novela publicada en 1976, en plena madurez creativa, y con reconocido prestigio internacional, del autor, empeñado en conseguir escribir menos desde y más para. Una novela de ciencia-ficción, de misterio, policíaca, que bucea en las procelosas aguas de la fatalidad para descubrirnos, aun más desnudos de lo que temíamos, enfrentados a las inextricables leyes que, suponemos, rigen el destino.

¿Quién gobierna los acontecimientos inesperados, la intencionalidad o el azar? ¿En qué medida ambos parámetros actúan de manera aislada? ¿Es posible anticipar la contaminación de uno sobre el otro? En definitiva, ¿se pueden aislar sus efectos? Las leyes de la probabilidad, ¿son intentos de ordenar el mundo, o solo la expresión de nuestra incapacidad para explicar la razón última de correlaciones que no podemos comprender?

Calificación: ****/*****

Otros recursos relativos al autor en este blog:
Notas de Lectura de Astronautas
Notas de Lectura de La Voz del Amo
Fe de Lectura de Máscara

6 de abril de 2018

Nueva amazonia

Nueva Amazonia. Elizabeth Burgoyne-Corbett. Defausta Editorial, 2018
Traducción de Susana Prieto Mori
Desde principios del siglo pasado, coincidiendo con el auge del movimiento sufragista, puede hablarse de la existencia de un subgénero de la literatura de anticipación formado por aquellos libros, en general aunque no únicamente escritos por mujeres, que explotan la mena de las utopías de signo feminista.

Nueva Amazonia (New Amazonia. A Foretaste of the Future, 1889) forma parte de ese grupo de novelas, y se inscribe entre aquellas cuya trama deriva del sueño de un personaje que despierta en un futuro no demasiado remoto y descubre -utopía- la existencia de una sociedad más justa, igualitaria y democrática; y, en este caso, cumplidora de los supuestos teóricos del incipiente feminismo contemporáneo a su autora.

Sin entrar en la cuestión de su validez literaria, la novela extiende su radio de acción cuando refleja, con más transparencia incluso que en intentos posteriores, el estado de la cuestión feminista en su época y las aspiraciones de perfección que se incubaba en el seno de una de las sociedades  más avanzadas políticamente del período histórico -lo que no impedía, por cierto, y seguramente debido a ese progresismo, que fuera también una de las más discriminatorias-.

Una lectura ilustradora no solo, evidentemente, para mujeres.

Calificación: ***/*****

2 de abril de 2018

El vértigo de la fuerza

El vértigo de la fuerza. Étienne Barilier. Acantilado, 2018
Traducción de Manuel Arranz
El vértigo de la fuerza (Vertige de la force, 2016) es un pequeño pero exquisito ensayo inspirado por los atentados islamistas acaecidos en Francia en 2015, en el que Barilier examina las relaciones entre el fundamentalismo (en este caso, islámico, pero extensible a cualquier religión) y la fuerza bruta. En este sentido, distingue tres tipos de crímenes: el pasional, que es individual y singular; el lógico, que es colectivo y universal; y aquel que deriva de un deber divino, ordenado por una instancia suprema, que suma las características de los anteriores, un crimen sagrado que se justifica deshumanizando al oponente e impidiendo, así, cualquier atisbo de cuestionamiento moral. La destrucción física es accesoria, es sólo el síntoma visible de la devastación moral: convertir al ser humano en una cosa como preámbulo para poder aniquilarlo; el arte, como obra del espíritu, es una muestra de civilización; no se trata solamente de representación, es forma en sí mismo y baluarte contra la irracionalidad invasiva, la "forma de expresión de las fuerzas irracionales sin someterse a ellas".

La religión socava la escala de valores manteniendo en el punto de mira la conducta humana pero cambiando el marco de referencia: el juez es Dios, inapelable e indiferente al razonamiento; la pena es la muerte, única forma de redención; el brazo ejecutor es el fiel,  movido por el celo religioso y por una recompensa extraterrena y eterna. El fanatismo islamista bebe, a partes iguales, del fervor religioso -o furor místico- y de la embriagante fogosidad bélica. No se trata de una guerra santa sino de la conversión de las creencias en guerra total; no se defiende a la religión de amenazas externas ni de herejías, sino que desata una guerra de exterminio tomando al dogma -como podría ser cualquier otra cosa en un contexto diferente- como rehén de una belicosidad radical, total.

A diferencia del poder terrenal, siempre susceptible de cuestionamiento -aunque con graves consecuencias en función del régimen político-, el poder divino y su derivación, las órdenes dictadas a la comunidad de fieles, son de cumplimiento obligado y no admiten ni discusión ni réplica.

El hecho de que en el pasado el occidente cristiano cometiera los mismos crímenes que el islam actual no valida su conducta ni nos inhabilita a los occidentales para censurarla. Las versiones rigoristas de las religiones, de todas ellas en todas las épocas, se justifican a través de las interpretaciones literales de los libros sagrados; es decir, pretenden rescatar las lecturas de la época en que fueron escritos sin tener en cuenta que esa recuperación, miles de años después, también es, además de una interpretación, una tradición obsoleta.

Un texto espléndido que mueve a la reflexión.

30 de marzo de 2018

El fin de la muerte

El fin de la muerte. Trilogía Los Tres Cuerpos III. Cixin Liu. PRH, 2018
Traducción de Agustín Alepuz Morales
La Tierra, todavía amenazada por la bomba de relojería de la invasión trisolariana, sigue urdiendo estrategias de defensa, siempre bajo la observación de las sondas-espía. Aun con  esa limitación, y haciendo avanzar a toda velocidad la técnica, se decide enviar una sonda tripulada que se infiltre en la expedición alienígena para que, con la capacidad de intriga humana, pueda enviar información a la Tierra y boicotear la expedición. Simultáneamente, la ciencia terrícola no ha dejado de avanzar y la criogenización está a punto de conseguir "el fin de la muerte".

En cuanto a la gestión del asunto trisolariano, después de establecida una época de disuasión con los antiguos principios de la Guerra Fría del siglo XX, los extraterrestres empiezan a mostrarse colaboradores y comienzan a transmitir instrucciones científicas, como si adivinaran una amenaza de orden superior a la que su avanzada tecnología, a solas, no pudiera hacer frente, de modo que la Tierra acelera su progreso a pasos agigantados; el intercambio buscado consistía en que la Tierra se hiciera más fuerte gracias a los avances de Trisolaris, y este se hiciera más civilizado gracias a la cultura terrícola; eso contando con la buena voluntad de ambas partes, un deseo que nadie podía garantizar.

Sin embargo, pensar en términos de agonista y antagonista retrotrae a la Humanidad a sus épocas de inmadurez. El cambio de estatus conllevará cambios profundos en la concepción del espacio y del tiempo, y el dominio estará en manos no de quien posea el arma más letal sino de quien logre dominar las leyes de la física.

Brillante cierre de la Trilogía Los Tres Cuerpos, con nuevos personajes, nuevos escenarios y geniales giros de la trama, aunque con la especulación científica que la ha caracterizado, y con evidentes homenajes a algunos de los grandes títulos clásicos de la ciencia-ficción mundial.

Calificación: ****/*****

Recursos relativos a la obra en este blog:
Notas de Lectura de El problema de los tres cuerpos. Trilogía Los Tres Cuerpos I
Notas de Lectura de El bosque oscuro. Trilogía Los Tres Cuerpos II

29 de marzo de 2018

Aniversario


Hoy el blog cumple diez años.

Diez años, a escala humana, dan para mucho; tanto como para tener que activar el recuerdo a fin de revivir a la persona que lo empezó, que ha cambiado desde entonces como ha ido cambiando también la intención de esta bitácora. El propósito de dedicarlo a reflexiones personales -de ahí la advocación montaigneana del título del blog y de la entradilla-, las que recogen las etiquetas Grammatica, Dialectica, Rethorica y Contrapunto, complementadas por las citas de En otras palabras (que no eran tales, sino Palabras de otros), casi 1.400 entradas, se fue agotando a medida que cambiaban las intenciones y las circunstancias personales del redactor; en breve, desaparecerán del blog con la idea de que echen a andar por sí solas quizás en otro formato. 

A medida que esas entradas se espaciaban en el tiempo, el blog ha ido tomando un cariz más profesional, y lo que empezaron siendo relaciones de lecturas comentadas con más o menos extensión se han convertido en alrededor de 400 entradas, algunas de ellas múltiples, entre Notas y Fes de Lectura, relacionadas con los libros, de todo pelo y condición, que iba leyendo; esta faceta será la que conserve el blog, por el tiempo que sea, de ahora en adelante.

No me queda más que agradecer a todo aquel que se ha pasado por aquí, desde las numerosas visitas esporádicas hasta los pocos reincidentes, su presencia y su lectura; si bien es cierto que el uso del blog como archivo de las propias lecturas fue su función primordial, me alegra, ya que precisamente por esa razón lo hice público, poder compartir con otras personas mis opiniones y, tal vez, provocarlas a echar un vistazo a esos libros que comento; en función de la consecución de este propósito, el de la utilidad ajena, es como debe evaluarse su éxito o su fracaso.

26 de marzo de 2018

Fisiología del flâneur

Fisiología del flâneur. Louis Huart. Gallo Nero Ediciones, 2018
Traducción de Delfín G. Marcos
"El flâneur es el único hombre feliz que existe en la tierra, y es que aun no ha salido el caso de un solo flâneur que se haya suicidado; y, si nunca nuestro hombre se asoma a ese oscuro pozo, en aquellos momentos en los que le invaden ideas más tristes de la cuenta, en lugar de pensar en tirarse de cabeza a ese interminable abismo húmedo, se consuela de inmediato escupiendo en el agua y formando círculos en la superficie del agua. Esto le ocupa entre una hora y una hora y cuarto."
Me parece recordar que la primera vez que leí algo relativo al flâneur fue en una lectura temprana y parcial del Libro de los pasajes de Walter Benjamin; visto en perspectiva, no deja de ser curioso que mi primer acercamiento a este concepto tan inequívocamente francés, y en particular, parisino, fuera desde Benjamin, muy ligado a París, es cierto, pero a la vez tan alemán.

Después de hacer un somero y malintencionado repaso por las diversas definiciones de hombre, Huart llega a la conclusión de que lo mejor lo define es su capacidad de caminar sin rumbo; el hombre sería, pues, parafraseando a Platón, "un animal bípedo, sin plumas, con gabán, que fuma y pendonea". El flâneur, pues, no pasea, deambula.

Preocupado por la degradación que ha experimentado el uso del término, Huart aboga por una redefinición y por la vuelta al significado original, denunciando el mal uso y a los que han contribuido a la confusión.

Haciendo gala de ese humor serio que bebe en las fuentes de Voltaire y de Diderot y que se basa en poner en evidencia las incongruencias de ciertas conductas mediante la simple exposición y la reducción al absurdo de sus supuestos planteamientos teóricos. Por ejemplo, Huart dintingue al flâneur del pasmarote, del mirón, del granuja y del trotacalles, para pasar después a facilitar unos consejos para que todo aspirante pueda acceder, con garantías, al formidable oficio.

Calificación: ****/*****

23 de marzo de 2018

Una vez más para Tucídides

Una vez más para Tucídides. Peter Handke.  Editorial Tresmolins, 2018
Traducción de Cecilia Dreymüller
"Tanto más bonito, real y amplio resultaba el hecho de que durante esta hora simplemente se desenvolviera el escenario en sí, sin una novela que lo limitara." 
Una vez más para Tucídides (Noch einmal für Thukydides, 2007) es un conjunto de dieciséis cuadros, ubicados temporalmente entre 1987 y 1990, que proceden de la contemplación de eventos incidentales en los que la acción queda sustituida por la observación y la narratividad emerge de una mirada precisa y pormenorizada.

Como siempre en Hadke, su literatura se sitúa en los intersticios de los sucesos, en esos lugares en que la realidad es y no es al mismo tiempo, en los intervalos entre los pulsos, en los silencios entre las notas, y descubre aquello que la cotidianidad oculta bajo el velo de la irrelevancia, tras la máscara de lo infructuoso, al otro lado del muro de la inaccesibilidad.

La literatura no tiene que residir forzosamente en el hecho narrado, también puede hallarse en la mirada que lo revela; no en la luna, sino en el dedo que la señala. En este caso, el elemento primordial es el lenguaje, el cristal a través del cual se observa, pues es el principio que le confiere carácter y signo distintivo, cuando el escritor renuncia a su papel de fabulador para convertirse en traductor de instantes, escogiendo de entre todas las miradas posibles, completas y abarcadoras, aquella que va más allá de los hechos y que desvela todo aquello que se halla oculto bajo la piel de la realidad visible. Handke no descubre nexos, su literatura es una literatura de radicales libres, de posibilidades de conexión.

Calificación: ****/*****

Otros recursos relativos al autor en este blog:
Notas de Lectura de Los avispones
Notas de Lectura de La noche del Morava
Notas de Lectura de Ensayo sobre el lugar silencioso
Notas de Lectura de Los hermosos días de Aranjuez
Notas de Lectura de Lento en la sombra