21 de julio de 2017

George Orwell fue amigo mío

George Orwell fue amigo mío. Adam Johnson. Seix Barral, 2017
Traducción de Carles Andreu Saburit
El campo del relato literario norteamericano es tan vasto en extensión y de tal variedad de matices que siempre que llega un nuevo autor a este lado del Atlántico se suscita la duda de si este "el último descubrimiento" es fruto de la calidad literaria del escritor o se trata simplemente del último hype promovido por un avispado agente a la reconquista del apetecible mercado hispanohablante. Existen, no obstante, algunos hitos para desentrañar esa madeja; las críticas en medios honestos y las reseñas de articulistas íntegros, y los honores en forma de premios de prestigio consolidado. Adam Johnson podría ser uno de estos casos: de sus cuatro libros publicados en el período que va de 2002 a 2015, una novela, El huérfano (The Orphan Master's Son, 2012), mereció el Premio Pulitzer de Ficción (2013), y un libro de relatos, George Orwell fue amigo mío (Fortune Smiles, 2015), el National Book Award de Ficción (2015). ¿Qué hace distinto a Johnson de la ingente cantidad de escritores norteamericanos que le haga merecedor de esos reconocimientos? ¿Se puede trasvasar a Europa el éxito y el prestigio conseguidos en su continente natal, a pesar de que sus relatos son inequívocamente americanos? El punto de partida es responder afirmativamente a ambas cuestiones, y una de las razones que podrían aducirse es que los temas que trata, a pesar de la óptica local, tienen su equivalente en cualquier lugar del mundo civilizado: las relaciones humanas viciadas por los convencionalismos y la conflictividad con un entorno que no acabamos de reconocer como nuestro.
"La vida está llena de sucesos: pasan y tú te adaptas, te apañas como puedes y sigues adelante."
Mientras disfrutamos de una vida concentrada en factores externos, en nuestra interacción con objetos y con personas, cercanos o lejanos, existe una sub-vida de procesos mentales y físicos que tienen lugar en nuestro cuerpo y en nuestro entorno cuya existencia no alcanza el umbral de nuestra percepción pero que influye extraordinariamente en nuestros actos conscientes. Los personajes de los relatos de Johnson parecen moverse a lo largo de esa frontera, a veces a un lado, a veces a otro: han sido víctimas involuntarias de algún suceso no previsto, y esa exposición les ha provocado una disociación que no han sido capaces de asimilar. El resultado no los ha situado al otro lado de la realidad pero sí que ha provocado la imposibilidad de discriminar dónde está la frontera entre aquélla y la ficción. De ahí sus dificultades para manejarse en el mundo real y sus continuas escapadas a lo imaginario.

La mítica relativa al ser humano, acentuada por las doctrinas de ese batiburrillo de pretensiones trascendentes que ha dado en llamarse "psicología humanista" y cuyo testigo ha recogido esa versión post-moderna del psicoanálisis que es la autoayuda, pretende que nos crecemos ante las dificultades y que ofrecemos la mejor versión de nosotros mismos cuanto mayores sean éstas. Los protagonistas de Johnson no se encuentran en situaciones-límite sino que ven su existencia alterada por desviaciones que parecen afectar únicamente a sus vidas cotidianas, no a los grandes hechos ni a las decisiones vitales; pero su vida cotidiana incluye unas características tan particulares -los seres humanos corrientes solamente tienen una vida cotidiana- que cualquier incidencia que les afecte constituye un reto insalvable.

Una lucha sorda y constante con la inevitabilidad de lo real cuando esto se percibe como solamente una de las opciones posibles de relación entre el sujeto y lo que le es externo. Es justamente esa característica de inevitable lo que lleva a los personajes de Johnson a una extraña, por incuestionable, aceptación de todos los reveses con los que tropiezan, casi como si se tratara de una predestinación. Cualquier reacción, cualquier decisión, es incontestablemente errónea pero suele ser la única que tienen a su alcance.

A su manera y por distintas razones los personajes de Johnson arrastran un estigma que condiciona todas reacciones y sus reflexiones, aunque ninguno de ellos parece consciente de lo que significa ni en qué medida su conducta está siendo mediatizada por esa marca. La complejidad de su situación es de tal calibre que toda excusa que no proceda de la ignorancia traspasaría los límites de la verosimilitud, y los sujetos se verían impedidos de superar la disonancia que la aceptación les provocaría.

Sus rebeliones, por tanto, no suponen grandes renuncias ni cambios fundamentales, no significan giros importantes en su vida ni atisbos de reinicio, solamente tienen que ver con ligeras modificaciones para unas vidas con el sendero fijado de antemano al que únicamente pueden aplicarse, si acaso, ligeros cambios de rumbo que, en definitiva, no podrán alterar sustancialmente un destino prefijado por unas fuerzas externas cuyas motivaciones nadie puede adivinar.

Definitivamente, un libro electrizante; el jurado del National Book Award no da puntada sin hilo.

Calificación: *****/*****

17 de julio de 2017

Oso VS Tiburón

Oso VS Tiburón. Chris Bachelder. Automática Editorial, 2017
Traducción y notas de Enrique Maldonado Roldán
Extensas urbanizaciones horizontales de viviendas clónicas con gran salón comedor con chimenea y cocina de concepto abierto, televisor inmenso y sótano por terminar. 

Otrosí digo: la omnipresencia de la electrónica y la hiperconexión que posibilita el contacto directo y continuo con El Mundo sin necesidad de salir de casa.

Otrosí digo: el consumo como paradigma que envuelve las relaciones.

Otrosí digo: la programación de la televisión es indistinguible de la publicidad.

Otrosí digo: la disponibilidad absoluta con su percepción de elegibilidad -"siempre puedes"-: el día es una sucesión ininterrumpida de posibilidades de elección, aunque sea sobre dilemas aparentes y cuestiones accesorias.

Otrosí digo: no existe incomunicación en la vida familiar, aislamiento comunicativo, silencio, sino descomunicación, una sucesión de monólogos que se interrumpen continuamente unos a otros sin conexión ni posibilidad de interlocución alguna.

La familia Norman gana, gracias a la habilidad de uno de sus hijos en una redacción, un viaje a Las Vegas para asistir al espectáculo "Oso VS Tiburón", una lucha real, aunque no con animales reales, inspirada por un videojuego, que tiene que celebrarse en el anfiteatro Charles Darwin de la ciudad. Se sustituye la verdad (el oso y el tiburón animales) por la realidad (un oso y un tiburón generados por ordenador), y ese relevo pasa a convertirse en el nuevo estándar a partir del cual se reordena la experiencia del mundo. La nueva sociedad del espectáculo, sustentada en los pilares que el consumo edifica sobre los cimientos del ocio. Ese road trip de 812 millas se convierte en una experiencia alucinante; en primer lugar, porque conlleva que los cuatro miembros de la familia tengan que sumergirse en una convivencia forzada que no han experimentado nunca; pero también porque la distancia a recorrer los pondrá en contacto con una nómina de individuos a cuál más excéntrico.

Una cadena de televisión retransmitirá la no-pelea, porque ésta se pondrá en antena en régimen de exclusiva, sino la asistencia al espectáculo de la familia Norman, en directo e íntegramente. Los últimos kilómetros del viaje serán narrados por un locutor y por el "experto" que le acompaña, porque los Norman se han olvidado un hijo en una parada; así pues, ese retroceso que había puesto al locutor al borde  de la histeria, no ha sido más que un contratiempo sin importancia; todo vuelve a s u lugar y los Norman, de nuevo al completo, retoman su particular viaje al Paraíso: "Las Vegas: toda la diversión de Estados Unidos sin ninguna de sus noticias", la Suiza del desierto, para asistir al evento del siglo.

Adrenalínica y ballardiana novela de ¿anticipación? que se recibe con la sorpresa -¿la ironía puede ser desasosegante?- de que el futuro, ese estadio que a menudo se percibe tan lejos, nos está pisando los talones.

Calificación: ****/*****

14 de julio de 2017

Vidorra

Vidorra. Jean-Pierre Martinet. Underwood, 2017
Prólogos y apostillas de Javier López González. Traducción de Rubén Martín Giráldez
"A decir verdad, no deseaba grandes cosas. Mi norma de conducta era simple: vivir lo menos posible para sufrir lo menos posible."
Madame C., un elefantiásico ejemplar de hembra humana,
C. de Cerbera, madame Cerbera, C. para los amigos 
es la portera del edificio 
infierno vecino del cementerio de Montparnasse; 
a los muertos debe facilitársele el tránsito al inframundo, 
no están para muchos trotes, los pobres
Dormons, dormons
en el que vive Adolphe
¡Adolfito, Adolfito mío, qué va a ser de ti cuando yo no esté!
un extraño espécimen de macho humano.
Orphée!
En su extraño papel simultáneo de Electra, Eurídice y Afrodita, 
Vive le vin! Vive Pluton!
se debate entre el acoso sexual insistente y explícito a su Orfeo
La femme dont le coeur rêve
 y el temor a escurrirse por el agujero del vater.
Ne regarde pas en arrière!

Este pequeño no-resumen ya da al lector una idea de la apología del exceso, el encomio de la incontinencia verbal, el panegírico de la hipérbole. La muerte antes que el silencio, la resistencia verborreica, la comparación hasta el límite del sentido, la violencia de la carne rasgada. Evidenciando la absurdidad de las relaciones personales revela las carencias de las correspondencias que se etiquetan como "normales", como el alienado que, con su conducta alterada, pone en evidencia la locura presente en todo aquello mediatizado socialmente.
"Uno se acostumbra a todo."
¿Catálogo de desviaciones? Tal vez, aunque no necesariamente, la línea que separa la normalidad de la anormalidad no es que sea tenue, que no lo es, lo que sucede es que es móvil, no ya para distintos sujetos sino también para el mismo sujeto en diferentes situaciones. No nos arriesguemos, pues, con un diagnóstico. Muerte al DSM n+1. ¿Inventario de transgresiones? Tampoco parece el camino acertado: si la necrofilia es la conducta sexual con cadáveres humanos, ¿es necrofílica la seducción de personas directamente relacionadas con difuntos recientes? Cuanto mayor es el dolor de la vida, más potente la erección y más irrefrenable la libido. ¡La línea, la línea! ¿Cuándo una provocación se convierte en transgresión? ¡Mueve esa línea, muchacho!
"No hay drama entre nosotros, señores, ni tragedia, no hay más que ridículo y obscenidad. Uno no es feliz, pero se parte de risa."
Honestamente, creo que Orfeo (y Eneas, y Psiqué, y Hércules, y Hermes) firmaron un pacto con Cerbero la naturaleza del cual ningún poeta ha logrado desentrañar. A ver si Adolphe...

Calificación: Inclasificable

10 de julio de 2017

Un pueblo de Oklahoma

Un pueblo de Oklahoma. George Milburn. Sajalín, 2017
Traducción de Ana Crespo
Una comunidad de habitantes es tanto más endogámica cuanto mayores sean sus hechos diferenciales con las comunidades de su alrededor y cuanto más efectivo sea su aislamiento, geográfico o moral; en la primera mitad del siglo pasado -y, probablemente ahora mismo, aunque en menor medida- el inmenso territorio de los Estados Unidos de América contenía una buena cantidad de esa clase de asentamientos. Un pueblo de Oklahoma (Oklahoma Town, 1931) es el retrato minucioso de una de esas agrupaciones -inevitable la relación con Winesburg, Ohio- realizado por un ciudadano procedente de una ciudad, Coweta, que podría ser un reflejo exacto de la localidad en la que sitúa la acción.

Visto con la perspectiva actual y desde la cultura urbana europea, el pueblo del texto se asemejaría a la pista central de un circo en la que tiene lugar la exhibición de las más sorprendentes atrocidades; ese extrañamiento no se produce, como es lógico, cuando el punto de vista es interior porque, además de la absoluta falta de referencias, se genera un fuerte sentimiento de pertenencia entre sus habitantes cuya naturaleza es difícilmente fijable o delimitable, pues es claro que existe un "nosotros" claramente aceptado pero cuya definición es tremendamente difícil: ¿incluye a los negros? ¿Y a los alemanes? ¿Y a los no cristianos? ¿Hasta qué punto se pueden ir quitando capas a la cebolla para lo que nos reste siga siendo cebolla?

Lo que sí parece más claro es la relación de esos hechos diferenciales: racismo sin freno y sin arrepentimiento; religión, con visitas personalizadas del Espíritu Santo y las supersticiones más increíbles: disputas vecinales por cuestiones de límites con sus correspondientes ajustes de cuentas;  personajes situados entorno a la linde de la cordura; venganzas que, provocadas por cualquier nimiedad, pasan de padres a hijos; jóvenes guapos de buena familia e inmejorable futuro que se meten a curas y las bellas y decentes damiselas que pierden su honor en dudosas relaciones con el desarrapado pero ingenioso de turno. En definitiva, una colección de sujetos con reacciones primarias de cuya influencia sólo sobre puede escapar largándose, aunque el villorrio parece actuar como una especie de imán que impide la evasión o que, caso de lograrlo, mantiene aun en la distancia su área de influencia.

Ahondando en las similitudes estilísticas con la obra de Sherwood Anderson, de la cual sería un perfecto complemento, la voz narradora es en tercera persona, y el punto de vista tiene una intención de objetividad -aunque en unas cuantas y deliciosas ocasiones se traiciona- que, en un estilo casi periodístico, se limita a tomar nota de aquello que observa, sin calificar ni enjuiciar. La estructura toma la forma de un mosaico en el que cada cuadro posee significación por sí mismo pero que adquiere otra dimensión cuando se considera como parte de un conjunto, a pesar de la dispersión, perfectamente homogéneo.

Un texto antropológicamente interesante y literariamente sugestivo, que muestra un modo de narrar que se ha ido olvidando con el tiempo pero que mantiene la intensidad y la eficacia de la buena literatura.

Calificación: ****/*****

7 de julio de 2017

Adiós a los padres

Adiós a los padres. Peter Weiss. Alpha Decay, 2017
Traducción de Juan de Sola
Antes de que otros autores de su ámbito lingüístico escandalizaran a los espectadores de teatro o a los lectores, Peter Weiss instaló en ambos frentes dos bombas incendiarias que acentuaron la inevitable crisis de la tradición literaria del siglo XX y que ayudaron a que ambos, a la vez, reflexionaran acerca de los límites de la obra de arte y de su propia consideración; una, en el terreno teatral, fue su obra dramática Marat/Sade; la otra, en el campo novelístico, la monumental Estética de la resistencia.

El ajuste de cuentas con los progenitores, reales o ficticios, individual o colectivamente, con mejor o peor fortuna literaria, comprende un amplio fondo de obra escrita. Peter Weiss, ya en plena madurez -parece prudente esperar a esa edad para emprender una tarea como esa-, publicó ese Adiós a los padres (Abschied von den Eltern, 1964) para relatar, con su estilo oscuro e introspectivo en la forma pero grandioso en el contenido, algunos episodios de la juventud de un protagonista con el que guarda grandes semejanzas, una especie de Retrato del artista adolescente que es tanto un repaso autobiográfico a una de sus etapas vitales más conflictivas como un ajuste de cuentas familiar con todas las letras. Para ello, y teniendo en cuenta que Weiss no es un escritor convencional -como muestra, los dos títulos citados anteriormente-, hizo uso de un texto comprendido en un solo párrafo que se lee perdiendo el aliento, y mediante la técnica del stream of conciousness, no tanto una "corriente" como un "torrente" emocional que desborda la afectación y la corrección política para ubicarse en el resbaladizo terreno de la revuelta.

La distancia del protagonista con los padres es consecuencia de la incomprensión mutua labrada a lo largo de su existencia y del hecho de que el principio de autoridad ejercido por ellos, en lugar del de racionalidad, fue el paradigma que rigió su vida en común.
"¿Por qué hemnos malgastado esos días y años, si somos personas que viven bajo el mismo techo, sin haber sido capaces de hablarnos y escuchar? ¿Qué enfermedad era esa que nos enturbiaba, que nos había llenado de tanta desconfianza, de tanta esquivez, que ya no éramos capaces de mirarnos a los ojos?"
¿En qué momento el sentimiento de protección y de salvaguarda que se experimenta en la niñez con respecto a los progenitores se troca en indefensión? ¿Quién es el responsable de este cambio? ¿Cómo afecta a la relación posterior? ¿Cuál es el efecto del acto de recordar sobre ese cambio, y cómo le influyen las experiencias posteriores, sean ligadas a ellos o no? ¿Qué valor tiene, y qué credibilidad, examinar ahora, transcurrida toda una vida, las decisiones que aventuramos a recordar que tomamos entonces? ¿Cómo pueden defenderse ahora esos personajes que contrajeron deudas con nosotros en el pasado? ¿Cuál es la diferencia entre el pasado de personas que no se conocieron, reconstruido mediante fragmentos de textos, imágenes y recuerdos ajenos, y el propio pasado vivido en primera persona pero tan remoto que debe reconstruirse también mediante fragmentos, algunos de los cuales de dudosa autoría?
"Todo era fachada y ardía por dentro."
El miedo y la indefensión infantil van cediendo a medida en que nos damos cuenta de nuestra solemne individualidad, de que con nuestra conducta podemos desencadenar sucesos, de que existe una vida que podemos llamar propia más allá de la prisión familiar y de su arquitectura totalmente jerarquizada.

La llegada a la pubertad, con su potente trasfondo sexual, coincide con el primer acoso serio acerca de qué hacer en el futuro por parte del padre; demasiadas vidas impuestas a un cuerpo que se revela pero que no acaba de sentirse como propio, y para una mentalidad en formación, demasiado sujeta a los vaivenes de la existencia, sin forma aun definitiva. Y una sola forma de evasión, recién descubierta, que da acceso a un mundo alternativo lleno de posibilidades: la lectura.
"Y así fue cómo aprendí a vivir, sé que falta algo, ando a tientas y busco a mi alrededor, gimo y chillo y no lo encuentro, crezco, maduro, y la libertad de movimiento es cada vez más reducida, apenas me atrevo a seguir buscando, en todas partes me topo con restricciones y termino por esconderme."
Pero ese extrañamiento provocado por la adolescencia no es el único parámetro que sitúa al protagonista fuera del sistema: desde el mundo adulto, aunque con una aplicación específica para los jóvenes, acaba de nacer el movimiento político que se adueñará del futuro pero del que él estará excluido debido a su procedencia, por la vía paterna, de la raza maldita.
"Pensé en Friederle, que algún día habría de convertirse en el modelo de la defensa de la patria, y de pronto me vi del lado de los vencidos y excluidos, aunque no comprendía que aquello era precisamente mi salvación. No percibía más que mi desamparo, mi desarraigo, estaba todavía lejos de asumir las riendas de mi propio destino y de convertir esa falta de pertenencia en la fuente creadora de una nueva independencia."
Todo lo que había significado estabilidad desapareció, la autoridad paterna sufrió su primer cuestionamiento serio porque tuvo que plegarse a otra jurisdicción de rango superior, y comenzó el exilio, momento que marcó la muerte de una hermana y que significó el comienzo de la desintegración familiar pero que también supuso, seguramente, el desencadenante principal del que acabaría siendo su oficio: la escritura.

Al final, como una etapa más de formación, y provocado por la súbita aparición y repentina ausencia de un amigo -ese personaje imprescindible en la vida de todo adolescente-, el protagonista sufre un fenómeno de disociación entre su vida "oficial", el trabajo, las relaciones familiares, y su vida "real", esa en la que intentará que sus aspiraciones puedan cumplirse. Una vez establecida esa dicotomía, será cuestión de tiempo y afán, de pura determinación, el que la segunda vaya ocupando, progresivamente, el espacio de la primera hasta hacerla desaparecer. Ese nuevo intento de iniciación  al mundo exterior es apadrinado por Harry Haller, el personaje que, abriéndole las puertas a sí mismo, rompe su enclaustramiento y le muestra un mundo de posibilidades que sólo podrán cumplirse si se atiende a su vocación.
"Lo que sucedió entonces se venía fraguando desde hacía mucho tiempo, era el momento en el que, después de tantos años de opresión, caían las rejas que tenía a mi alrededor. Cogí mis pertenencias y me planté fuera con mi maleta y el espíritu abierto a más no poder."
Pero el intento de independencia fracasa: el mundo está en guerra y las condiciones no son las mejores, así que se impone el regreso al hogar, en otro país, al exilio, a la fábrica del padre y al cobijo de la madre. 
"Mi derrota no era la derrota del emigrante ante las dificultades de la vida en el exilio, sino la derrota de quien no se atreve a librarse de sus ataduras."
Pero el veneno de la libertad corretea ya por las venas del protagonista, y aunque de forma diferida, sabe que desde aquel momento, todo lo que piense o haga se dirigirá hacia esa evasión definitiva "en busca de una vida propia."
"Libre de padres y de profesores, asumía personalmente la tiranía sobre mí mismo."
Calificación: ****/*****

3 de julio de 2017

Manifiesto Redneck

Manifiesto Redneck. Jim Goad. Dirty Works, 2017
Traducción de Javier Lucini
"Jim Goad es un pillo, un tipo que se las sabe todas", podría exclamar el lector desprevenido al leer la contraportada del libro que ha publicado Dirty Works; no andaría demasiado equivocado, pero sería una reducción simplista pensar que el autor ha aprovechado sus conocimientos de primera mano con respecto a uno de los grupos sociales más menospreciados de los Estados Unidos para épater les bourgeois con cuatro ocurrencias políticamente incorrectas acerca de esa fauna, porque Manifiesto Redneck (The Redneck Manifesto: How Hillbillies, Hicks, and White Trash Became America's Scapegoats, 1997) es todo esto y más, es una visión desde dentro del fenómeno pero también una reivindicación de aquel individuo que procede de perdedores, ha nacido como perdedor, vive como perdedor, es tratado como perdedor y muere como perdedor. ¿Acaso alguien puede negarle la épica a ese fenómeno? Goad no sólo no la niega sino que la reafirma, buceando en los antecedentes y mostrando un cuadro reivindicativo cuyo mayor mérito no son, que los tiene, sus argumentos desde el punto de vista social, sino el hecho de estar escrito desde el interior, desde las entrañas de la bestia.

El paradigma principal que rige el Manifiesto es el siguiente: el clasismo que abomina del redneck es la versión actualizada del racismo supremacista blanco y, como la mayoría de estereotipos, se sustenta en una compleja y completa batería de prejuicios. Goad se sorprende del diferente trato social que se da a apelativos como negrata, racista y xenófobo, y a redneck, un calificativo discriminante plenamente aceptado. Pone bajo su punto de mira la hipocresía del multiculturalismo, que nunca se ha preocupado por la basura blanca, por ser precisamente eso, blanca; y es que la corrección política escoge muy meticulosamente los términos a evitar.
"Siempre era la gente de SU vecindario la que más se cebaba con la basura blanca. Como los negros pobres les hacen pensar en sus pecados, se abstienen de cebarse con los negratas; como los blancos pobres les hacen pensar en sus éxitos, se cagan en los rednecks y se descojonan de ellos."
Para buscar el origen, Goad, tras una breve visita a la antigüedad romana, hace su primera parada en el siglo XVI. En una Europa en plena ebullición migratoria, centra su atención en los emigrantes que NO embarcaron en el Mayflower, es decir, en los habitantes rurales de las Islas Británicas -y no sólo rurales: las ciudades desbordaban de candidatos- deportados a las colonias como mano de obra esclava, bastantes años antes del tráfico de africanos. Después de la Guerra de Secesión, los federales, los ganadores de la contienda, comienzan una "guerra de comunicación" de menosprecio a los confederados, para la cual el concepto de redneck y todos sus asociados son como un traje a medida. Posteriormente, Goad sigue las sucesivas olas migratorias -Gran Depresión, industrialización...- que llevaron a los montañeses a las grandes ciudades y el progresivo deterioro en la consideración que merecieron de sus compatriotas urbanos: la lucha racial se había convertido en la lucha de clases de siempre. Sostiene Goad que los rednecks, y los desfavorecidos en general, son el laboratorio en el que el capitalismo ensaya su sistema de dominación. 

Una vez completado el repaso al origen y a la historia  de esos grupos de marginados, centra su análisis en los chichés con los que, tradicionalmente, se ha asociado a la fauna redneck: la religión, incluidas todas sus variantes televisivas; Elvis Prestley y su posible supervivencia; los bigfoot de las montañas y las abducciones alienígenas; las teorías conspirativas y la paranoia inducida por los poderosos; la Segunda Enmienda a la Constitución y el control de las armas; la objeción fiscal y el abstencionismo político; una provocativa visión del racismo en la que se interpreta la lucha racial como la manipulación de las élites para atajar una peligrosa tendencia a la lucha de clases; para finalizar con una espectacular diatriba contra el que llama "progre blanco llorón", esos "cretinos piadosos con restreñimiento ideológico".
"Parte de mi trabajo es garantizar que este libro se malinterprete en la manera CORRECTA."
Dirty Works, tal vez la editorial más programática de la edición en castellano, después de ocho libros en el más puro estilo trash sin color, se pone "seria" y publica lo que podría considerarse como su primer ensayo; como si se tratara de una recapitulación, una vez ha mostrado los casos prácticos, ahora presenta el fundamento teórico, aunque también al estilo dirty: el texto no proviene de ningún catedrático de la Ivy League con traje de tweed y coderas de terciopelo sino de un sujeto con peto tejano y sombrero de paja deshilachado. Y el resultado es un texto que desborda por sus costuras, a partes iguales, una visión entrañable acerca de un hecho sociológico invariable e intencionadamente malinterpretado y una fundamentada y afilada mala leche con respecto a un mundo hipócrita al que todos contribuimos, consciente o inconscientemente, con nuestro granito de arena.

Calificación: ****/*****

30 de junio de 2017

El Ejército de los Sonámbulos

El Ejército de los Sonámbulos. Wu Ming. Anagrama, 2017
Traducción de Juan Manuel Salmerón Arjona
"La contrarrevolución es, a su vez, una revolución o no es nada."
Wu Ming, ex-Luther Blisset, es un escurridizo colectivo de escritores italianos cuyo empeño alcanza desde el activismo y la publicación de ensayos de temática social hasta la redacción de novelas del género histórico. Después de la deslumbrante Manituana, además de otros interesantes títulos, llega a la edición en castellano El Ejército de los Sonámbulos (L'Armata del Sonnambuli, 2014), la vuelta de tuerca particular que los transalpinos han dado a las novelas históricas enmarcadas en la Revolución Francesa.

Un comando de monárquicos intenta, sin conseguirlo, rescatar a Luis XVI de la carroza que lo lleva al patíbulo. París es un hervidero y, a pesar de sus Comités, de la policía y de madame Guillotina, la vida de la República sigue en cuidados intensivos. Los grandes movimientos sociales resultantes de lo acaecido 1789 apuntan a objetivos dispersos a la vez que dispares, y ya que la Historia ha recogido, con mayor o menor ecuanimidad, los hechos debidos a los personajes que dirigieron las proezas y las miserias de la época, El Ejército de los Sonámbulos centra su atención, en el período transcurrido entre el 21 de Enero de 1793 y el 21 de Enero de 1795, en las andanzas de algunas personas situadas al margen de los grandes acontecimientos: Leonida Modonesi, un mediocre actor goldoniano, "hecho para ser protagonista", pero hábil transformista; Orphée d'Amblanc, un messnerista con más habilidades que las puramente médicas; Marie Nozière, una viuda de guerra revolucionaria y reivindicativa; y el Caballero de Yvers, un hipnotizador lealista que experimenta con la voluntad de seres de pocas luces que, moviendo los hilos invisibles de la reacción, prepara el regreso de la monarquía.

Una vez decapitado el rey y presos o exiliados los más notables representantes de la nobleza y del clero, la Revolución debe hacer frente a la mayor de las amenazas, el movimiento contrarrevolucionario infiltrado en su propio seno. Que la facción de la Montaña, con Robespierre al frente, consiguió imponerse a los Girondinos es el hecho que han recogido los manuales de Historia; lo que no cuentan los historiadores es que los lealistas, partidarios de la restauración de la monarquía, prepararon, llevando a la práctica los principios enunciados por Messner acerca del magnetismo animal y utilizando la técnica de la hipnosis, un Ejército de Sonámbulos que debería reconquistar el poder y devolver al rey a su trono. Mediante las técnicas de control mental derivadas de la hipnosis, Yvers consigue sugestionar colectivamente a multitudes hasta convertirlas en autómatas a sus órdenes, acumulando de este modo un poder casi omnímodo. Después de los hechos del 28 de Julio de 1794, de la muerte de Robespierre y en el vacío que se produce en el núcleo de rectores de la Revolución, considera que ha llegado el momento. Descartada la intervención gubernamental, la única oposición a sus planes la forman el médico mesnerista, el actor en paro y la costurera revolucionaria, más los pocos aliados que puedan sumar a su causa.

El Ejército de los Sonámbulos podría verse, en una lectura superficial, como un ejemplo de parodia de las novelas "de capa y espada" si no fuera por la seriedad de su planteamiento, la incuestionable perfección de su estructura, el manejo experimentado y efectivo del ritmo narrativo  y la más que adecuada elección de los personajes principales: el más puro estilo Alexandre Dumas pero con los recursos de una modernidad rabiosa.

Calificación: *****/*****

26 de junio de 2017

Diario de los errores

Diario de los errores. Ennio Flaiano. Días Contados,  2015
Prefacio y traducción de J. A. González Sainz
"La vida en una serie ininterrumpida de errores, cada uno de los cuales sustenta al que le precede y se apoya en el siguiente."
Ennio Flaiano, escritor, periodista y guionista italiano, redactó, a lo largo de su vida, varias series de apuntes, algunos en formato de Diario, otros en Cuadernos sin referencia temporal. Una parte de ellos fueron publicados bajo el título de Diario Nocturno y, después de su muerte, fue editado otro conjunto titulado Diario de los errores (Diario degli errori, 1977). Si ya el título, proveniente de unos apuntes correspondientes a 1965, es ya una declaración de principios y una muestra de la ironía de la que hizo uso también para apostillar las cuestiones más serias, es en su contenido en el que muestra su capacidad para observar la vida con una mirada socarrona y desprejuiciada, desacralizada; la diana de sus dardos varía según las circunstancias, pero en el centro de su objetivo se vislumbran siempre dos blancos: la idolatría por lo nuevo y el culto a la vulgaridad.
"Luchan por las Ideas, aun sin tenerlas."
Siendo la ironía el arma con que apunta, la munición no son grandes razonamientos ni siquiera tomas de partido; sus disparos son puro fuego de postas, retratos concretos de aquello que quiere poner en evidencia, episodios puntuales que rozan el absurdo, incluso breves notas aforísticas que concentran, en apenas unas frases, su visión del mundo.
"Las obras de arte de hoy día tienen los minutos contados."
Hombre sumamente viajado, se burla igual de la franqueza del holandés como de la doblez del chino, de la estupidez del americano y, sobre todo, del orgullo del francés, un vecino incómodo y desdeñoso con lo extranjero, último reducto de la Humanidad, y que contiene, como todos los pueblos a su manera, lo más ruin del género humano; pero su crítica trasciende cualquier atisbo de nacionalismo: Italia es igual o aun peor, pero tiene la virtud de no creerse superior a nadie, y su complejo de inferioridad forma parte del carácter nacional. Sus frases más ácidas, sus razonamientos más afilados son siempre con destino a Italia y a sus compatriotas.
"La felicidad consiste en no desear más de lo que se posee."
Buen conocedor del arte europeo, la suya es una intelectualidad basada en la herencia cultural del continente y contraria a la idolatría hacia todo lo que parezca nuevo y, como consecuencia, digno de ser admirado precisamente por ello. Siempre dispuesto a reconocer las deudas con sus mayores antes que a pagar por los timos de (muchos de sus) contemporáneos, su análisis trasciende la apariencia -ahí es, precisamente, donde los "modernos" llevan las de perder- para hurgar en lo no manifiesto. Pero como todo intelectual que se precie, Flaiano no fija el punto de mira solamente sobre cuestiones artísticas o de alta cultura: la sencillez de lo cotidiano, la levedad de lo instantáneo, pueden revelar la belleza de lo sublime; se trata, como siempre, de indagar en lo que tienen de universal para descubrir su verdadero valor.

Personificación del abuelo cascarrabias, Flaiano sería, actualmente, el azote de la corrección política; esta es una de las razones, aunque no la única, para recomendar fervientemente su lectura.
"Y pensar que esta farsa durará todavía miles de millones de años, según dicen."
Calificación: ****/*****

23 de junio de 2017

Agua, perro, caballo, cabeza

Agua, perro, caballo, cabeza. Gonçalo Tavares. Xordica, 2010
Traducción de Florencia Garramuño
Volver de vez en cuando a Tavares es para este lector como volver a encontrarse con un amigo al que hacía tiempo que no veía pero con respecto al cual ese lapso temporal no ha afectado en nada la amistad. Su obra publicada -si hacemos caso a sus declaraciones, existe un cajón en el escritorio de su estudio repleto de obras en proceso de maduración- es tan heterogénea que, probablemente, agotaría los adjetivos, pero uno de los más adecuados, que incluiría su ciclo "El Reino" (La máquina de Joseph Walser, 2004; Jerusalén, 2004; Un hombre: Klaus Klump, 2006; y Aprender a rezar en la era de la técnica, 2007) y este Agua, perro, caballo, cabeza (água câo cavalo cabeça, 2006) es "perturbador".

Con un estilo directo, todo acción, un lenguaje reducido a su mínima expresión y en un ineludible presente que se nos ofrece con toda su crueldad, Tavares esboza escenas en las que la violencia asume el control arrastrando a los desprevenidos protagonistas en un marasmo de sangre y de muerte. Riadas de odio inundan sus páginas -un odio frío, injustificado-, y la sombra de la venganza por una afrenta que ya nadie recuerda actúa como motor motivacional de personajes fronterizos con la más salvaje animalidad. Nada es peor que la falta de esperanza.

Agua, perro, caballo, cabeza es una lectura desasosegante como pocas porque se adivina la amenaza pero nunca se concreta: en este estado de permanente alerta, paradójicamente, es en el que nos encontramos más indefensos y somos más vulnerables. ¿Del lado de quién estás tú, lector? ¿Del inadaptado incapaz de encontrar su lugar en un mundo que se le revela como ajeno, o del de que dicta las normas y empuña la pistola? No, no es una elección tan fácil como parece porque el primero está sujeto a la voluntad del otro, pero ¿quién guía la mano de éste?

Ni siquiera la muerte trae el reposo ha quien ha vivido sin esperanza; su desgracia se acuesta a su lado, en el féretro, y es inhumada junto a él. Sobrevivirá a su carne y a sus huesos, y cuando abran la tumba para enterrar a un allegado, que traerá su propia desgracia colgada de su espalda, escapará en busca de otro individuo que, cuando sea encontrado, fruncirá el ceño al sentir una leve e instantánea molestia en el pecho.

Tal vez el más cuerdo sea el loco, encerrado en su silogismo erróneo pero sin hacerse preguntas, en su mundo a medida en el que no caben sorpresas inesperadas; tal vez sus espasmos, sus movimientos estereotipados, no sean más que intentos de mostrarnos nuestras carencias, avisos de las amenazas a las que estamos expuestos o rastros de la risa estentórea que le provocan nuestros miedos, nuestra fragilidad, nuestras preocupaciones, nuestro terror a la muerte. El loco, a diferencia de nosotros, no teme a la muerte porque sabe que él no morirá nunca; sucumbirá su cuerpo, se pudrirá su envoltura, pero su locura sobrevivirá para ponerse a la derecha de Dios Padre el Día del Juicio Final y susurrarle nuestro ineludible destino eterno.

Calificación: *****/*****

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19 de junio de 2017

El zoo de papel

El zoo de papel y otros relatos. Ken Liu. Alianza, 2017
Traducción de María Pilar San Román
Ken Liu, el escritor chino afincado en Estados Unidos, inició su andadura en castellano con la traducción, en 2016, del primer volumen del ciclo novelístico La Dinastía del Diente de León, y con la publicación, en este año, de la segunda entrega. Sin embargo, su obra más numerosa, y reconocida con algunos de los más relevantes premios de la literatura de fantasía y ciencia-ficción, pertenece a la narrativa breve. El zoo de papel y otros relatos (The Paper Menagerie and Other Stories, 2016) es una antología de su producción, compuesta por textos claramente ubicados en el campo de la fantasía histórica de base oriental así como de cuentos clásicos de ciencia-ficción, aunque impregnados también de ese aire de las tierras del sol naciente; el relato que presta nombre al volumen tiene el honor de haber sido la primera obra de ficción breve en hacerse merecedora de los premio Nebula, Hugo y World Fantasy.

Los temas son de lo más variado, y los tratamientos narrativos agotan el catálogo de recursos; a continuación, un pequeño resumen de cada uno de los relatos. Un cuento distópico -"Como anillo al dedo"- en el que la tecnología ha sustituido al sistema humano de toma de decisiones mediante la hiperconectividad y la transparencia total, con una co-protagonista que es un vivo retrato de Siri. Un relato fantástico -"Cambio de estado"- en el que el mantenimiento del alma en la proximidad del cuerpo da lugar a una incesante paranoia. El aprovechamiento de la reciente tecnología del vapor para devolver a la vida -"Buena caza"- a los seres mágicos ancestrales que sucumbieron cuando la tradición china se vendió a la ambición occidental. Cómo la vieja magia de los caracteres chinos -"El literomante"- es aniquilada por la ambición política estratégica y cómo la realpolitik acaba con la inocencia de una niña fan de "los cinco" y seguidora de los Yankees. La sustitución de los seres humanos por representaciones artificiales -"Simulacro"- que eliminan sus puntos débiles y los reemplazan por una personalidad modelada a medida. La misma tecnología que puede facilitar la vida -"Regulada"- puede ser un impedimento para su desarrollo normal cuando lo que se explota es su lado oscuro. La extraña habilidad de una madre para confeccionar animales de origami -"El zoo de papel"- sirve para atravesar fronteras, físicas y mentales, y para que un hijo pueda comprender, al fin aunque demasiado tarde, sus inquietudes. El inventario de diversos mecanismos del recuerdo -"Manual comparativo ilustrado de sistemas cognitivos para lectores avanzados"- lleva a especular sobre la naturaleza de éste, su relación con el conocimiento y el destino final de un universo configurado por los recuerdos de todas las especies que algún día han vivido en él. Una inmortalidad -"Las olas"- que pasa de lo orgánico a lo cibernético y a lo cuántico y que rompe las fronteras de la eternidad para convertir el tiempo lineal en ciclos interminables de inicio y final que se autoreplican indefinidamente. El sacrificio de un individuo -"Mono no aware"- en beneficio de la comunidad no sirve de nada si su decisión no es correcta desde un punto de vista ético. Los conflictos provocados por una segunda ola colonizadora -"Todos los sabores"- en los estados del oeste, al comienzo de la fiebre del oro y de la construcción del ferrocarril, y los intentos de integración, con tantos éxitos como fracasos, de una comunidad con diferencias insalvables. Uno de los obreros que trabajaron en la construcción -"Breve historia del túnel transpacífico"- traza la historia del túnel submarino que une Asia y América en 1929, una obra que cortó de raíz la Gran Depresión y posibilitó una historia mundial del siglo XX muy distinta de la que hubiera ocurrido sin esa infraestructura. Un abogado de causas justas -"El maestro de litigios y el Rey Mono"- es encargado de salvaguardar un libro y, ayudado por la presencia onírica del Rey Mono, consigue entresacar de su gris existencia al héroe que es capaz de dar su vida por defender la verdad. Una revolucionaria tecnología para viajar en el tiempo -"El hombre que puso fin a la Historia: Documental"- se usa para desvelar episodios oscuros de la historia de Japón y da lugar a un debate de tintes epistemológicos acerca de si el sujeto de la Historia deben ser los hechos colectivos o la suma de experiencias individuales.

Tal vez sea debido al hecho de que Ken expone de forma explícita su origen, recogiendo una tradición narrativa tan lejana como desconocida, y la plasmación de esa diferencia con las producciones occidentales del género lo conviertan en un autor narrativamente atractivo; tal vez ese exotismo actúe en la misma medida que lo hace, por ejemplo, en el caso de los relatos de ciencia-ficción rusos y soviéticos, enmarcados en un ambiente que ya es un mundo desconocido en sí mismo; o tal vez sea, simplemente, porque representa un respiro en la hiperexposición anglosajona a la que estamos sometidos... En todo caso, se trata de un volumen extraordinario para los aficionados al género.

Calificación: ****/*****